Yhajaira Falcón es militante trans, refugiada política migrante de Venezuela y vive en Argentina desde el 2004. Trabaja en el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires ubicada en el barrio de Constitución, en programas contra la violencia institucional, luchando por la conquista y el cumplimiento de derechos del colectivo travesti y trans. En esta entrevista además de contarnos cómo es su trabajo diario y cómo cambió el barrio desde que funciona la oficina, denuncia el incumplimiento del cupo laboral trans y las condiciones precarias de trabajo que afectan al colectivo y a ella misma.

Por: Mariana Peña y Violeta Ayzemberg

Fotos: Celeste Mandrut

Para quien no te conoce, ¿Quién es Yhajaira Falcón?

Yhajaira Falcón es una mujer trans migrante, muy militante, defensora de los derechos de todas las compañeras de todo el colectivo. Y trabajadora del Ministerio Público de Defensa del Poder Judicial de la Ciudad, del programa contra la violencia institucional. Me encanta ayudar a mis compañeras. En donde hay una necesidad con una compañera me vas a ver a mí siempre. Porque todas tienen mi número de teléfono, todas me conocen. Y las que no me conocen llegan porque otra pasa la voz y así me llaman.

¿Cómo comenzó tu recorrido militante?

Eso se lleva en la sangre, nace con una. Es mentira que una militante se hace. Yo desde que tengo uso de razón he peleado por gente que ni conozco. A mi siempre me gusto la militancia, siempre me gusto defender a la gente. A mí me decían: “Putito no te metas en eso, estás muy chiquitito.” Y mírame ahora, soy grandísima y me sigo metiendo.

¿De dónde sos?

Soy de Venezuela, llegue aquí en el 2004. Fui la primera persona que denunció a Hugo Rafael Chávez Frías. Me dieron 16 tiros por denunciarlo a él, me tiraron perros que me mordieron todo el cuerpo, perdí un ojo. Lo denuncié porque se metió con todo el colectivo, con el pueblo. Hice denuncias internacionales, por eso tuve que salir de mi país huyendo, con la ayuda de una organización donde militaba.  Allá, militaba en Trans Venus de Venezuela, una organización en la que hicimos mucho por las travas.

¿Cómo empezaste a vincularte con organizaciones en Argentina?

Ya yo conocía muchas organizaciones acá. Aquí siempre milité con Diana Aravena, los putos peronistas, Luli Sanchez con la ley del aborto y así. Las demás organizaciones no me gustan. Hay muchas organizaciones que lucran mucho con todo el sufrimiento del colectivo y no hacen nada por el colectivo.

¿Y cómo empezaste trabajar en Defensoría?

Cuando abrieron este programa lo manejaba Christian Gruenberg, un militante por la legalización del aborto que me conocía mucho porque yo militaba con los Putos Peronistas y los de La Paquito, con Diana Aravena. Me conocían y me ofrecieron el trabajo. Fui tan atrevida que cuando fui a firmar el contrato llevé a otra trava y les dije: “¿Quién les dijo a ustedes que era yo la que quería trabajar? ¡Denle el trabajo a ella!” Entonces metí a otra trava y yo me quedé sin trabajo. A la semana me llamaron y me contrataron a mí.

¿Cuáles son los tipos de tareas que realizas?

¿Acá? ¿Todas!  Como verán, este barrio es plena zona de trabajo. Yo salgo a la esquina, doy la vuelta y están todas mis compañeras travas y prostitutas trabajando. Todas me conocen. Pasa algo y todas gritan ¡Yhajaira! Y yo tengo que salir volada. Porque la policía cobra plazas, las atormenta para que vendan droga, y a la que no vende, la manda a la cárcel. En Ezeiza, la mayoría de las travas están presas por una bolsa. Anteriormente todas caíamos presas por robo. A mí me hicieron dos causas armadas que nunca pudieron comprobar porque no me robe un peso. Y ahora no es más robo, es droga. Todo es narcomenudeo. Además acompañamos a mis compañeras donde se necesite. Porque algo que pasa es que yo voy a cualquier oficina y a mí me atienden bien, de maravilla, no hago fila. Pero mis compañeras, hacen filas enormes y cuando llegan no les dan turno. Mis compañeras, si van sin mi, no tienen derecho a un subsidio, no tienen derecho a la atención en un hospital, eso es lo que pasa aquí, en este país, en esta ciudad.

¿Quiénes se acercan a la oficina?

A esta oficina vienen todos, hasta los vecinos. Yo aquí acompaño familias enteras que cobran un subsidio. Las ayudó a acelerar el proceso burocrático. Hoy en día el país está en la miseria y la situación no está para que una compañera espere seis meses, debajo de un puente, para poder vivir. La situación es solucionar el problema ya. También hay chicas que tenemos que acompañar a algún juzgado. Costó mucho hacer este equipo, costo.  Era imposible hacer algo con unas travas. Y con esta trava más todavía.

¿Sobre este tema ya trabajaba la defensoría o es a partir de tu trabajo que esto cambia?

Yo empecé con la inauguración de este local. Este local no existía. Cuando pidieron abrir este programa, que se lo ofrecieron a Christian Gruenberg él dijo que quería el local en esta zona, que es la zona donde trabajan todas las travas. Igual tampoco podemos creer la fantasía de que porque estamos en la zona se solucionaron muchas cosas. Se solucionaron en el día. Pero en la noche vuelve a ser jungla, tierra de nadie. Como sucede con la ley de cupo laboral trans. Si la ley existiera como dice existir, estaríamos viviendo en travestilandia. Porque todas las travas estaríamos trabajando. Pero en día solo somos tres travestis trabajando en el Estado. Piensan que el colectivo es eso, tres travestis. Gay, tortas, hay a rolete. Pero travas somos tres. Esa es la inclusión laboral trans que existe en este país. Es una fantasía, porque tampoco estamos en planta permanente, estamos contratadas, cobrando un mísero contrato que firmamos cada seis meses. Eso no es inclusión laboral.

¿Por qué crees que pasa?

No nos dan la oportunidad porque les da miedo. Les da terror tener una trava en la oficina. Y si la tienen la quieren tener como yo, precarizadas. Que no tengamos el sueldo digno ni la obra social que tienen los demás.

¿Cuál es el miedo?

El miedo es a lo que dirá el compañero. En la mente de ellos o de quienes nos contratan, las travas sólo servimos para prostituirnos. Para nada más. Y no solamente son ellos, es toda la sociedad. La vida de una es todo el tiempo un maltrato. Y la sociedad es hipócrita. La gente de noche te consume y de día te caga a palos. Si no nos consumieran no existiríamos nosotras trabajando.

¿Cuáles son las cosas que se solucionaron desde que funciona la oficina?

Ahorita la policía no las caga a palos como antes. A todas nos cagaban a palos. La policía, a los trabajadores de esta oficina ya nos conoce, porque si la policía jode, yo salgo y cuando me ven se calman, se van.  A mí, las compañeras me mandan mensajes:” Tía están jodiendo en tal zona.” Y yo voy volada. O va a alguien de acá. ¿Cómo es posible que una trava vaya a un hospital y no sea atendida dignamente? ¡Un hetero va y lo atienden! ¿Cómo es posible que yo tenga que acompañar a una compañera trans a que la atiendan? ¡Eso es un derecho! Y estos son los problemas que tenemos a diario.

¿Cuál es tu situación laboral acá?

A mí no me pasan a planta permanente y ahora el problema es el DNI. Tengo que esperar a ver que dice el defensor. Si bien ya tengo el comprobante de que soy una refugiada política aun así no me dan el DNI y eso es muy raro.

Hasta el día de hoy no conseguiste tener el DNI a pesar de trabajar en este lugar…

Sí, es así. Ponen trabas sobre las travas. Lo más cómico de todo es que si ustedes van a las oficinas que dicen trabajar para el colectivo, en Nación, en Ciudad, no hay travas. Nos defienden unos heteros. ¿Es que las trabas no tenemos cerebro? ¿No pensamos? ¿No sabemos defendernos? No nos dan trabajo. No nos incluyen. En la bolsa de trabajo están primos, cuñados, tíos, familia. Eso es lo que hay. Claro, como la trava no es familia, la trava no trabaja. Pero hay bastantes compañeras en el colectivo que son dignas de tener un trabajo igual que como lo tengo yo o como lo tiene cualquiera.

¿Crees que por tu presencia acá, las travas o trans de la zona, se acercan de otra manera?

Aquí mucha gente viene, abre la puerta y lo primero que ven es a la trava. Yo les he sacado de la cabeza a los vecinos que las travas éramos el peligro de la zona. Cada vez que hablaban conmigo decían pestes de las compañeras. Yo esperaba que terminaran de hablar y les decía “Yo también me paraba ahí. Yo era invisible porque no me querías ver. Ahora me ves porque trabajo acá.”  Me he sentado con ellos a contarles todo lo que pasa una parada ahí. Y hoy en día muchos lo entienden. Hoy en día está también la casa roja de AMMAR en la esquina. Y muchos vecinos van ahí, vienen acá a preguntar cualquier cosa. También vienen a decirnos que vaya a tal lugar porque un policía se está metiendo con mis compañeras. Y aquí todos se mueren de risa. ¡Lo que lograste! me dicen, “¡Mirá, los vecinos están cuidando a las travas!” eso era imposible verlo acá. Muchos y muchas dicen acá que todo eso se logró gracias a mí. Pero en todo caso lo logramos desde la oficina un grupo de compañeras que nos propusimos eso.

La cuestión es que depende de que aparezcas vos con tu presencia y lo que representas, pero después va la trava sola al hospital y no la atienden, la problemática sigue existiendo…

 La problemática nunca se calmó, se calmó para mí. Pero yo no soy el colectivo. Es al colectivo al que hay que solucionarle el problema. Es el colectivo el que la está pasando mal. Pero si ustedes mismas pueden ver que a mí misma, Yhajaira Falcón, que me conoce medio planeta, la policía me ha golpeado varias veces. Ahora me tuve que volver a mudar. Yo estaba muy cómoda viviendo en chacarita. Pero la policía me golpeó varias veces y tuve que irme.

¿Qué es necesario que ocurra para que mejore la situación del colectivo trans-trava en el corto plazo?

Es necesario que haya más compañeras trans trabajando. Las trans podemos y sabemos trabajar. Y la que no sabe aprende. Hoy en día , la mayoría está estudiando porque también eso logramos, que las compañeras vayan a estudiar. Yo estoy de acuerdo que exista el Mocha Celis o la Universidad de Avellaneda. Pero que la compañera tenga elección, que la compañera pueda elegir. No que les tengas que decir: aquí está el bachillerato de las travas. Yo no vivo en travestilandia, yo vivo en Argentina y quiero estudiar con todo el mundo.

Quiero la inclusión laboral trans que sea de verdad. No precarizada. Que sea justa, idónea como para cualquier hetero que están en las oficinas de género y nos dicen «estudiamos para eso», parece que nos agarran a nosotras como un experimento. Yo no estudié para ser trava. Tendría que haber compañeras trans en esas oficinas trabajando.

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