LA SALUD FEMENINA Y EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO

El discurso científico, por su carácter socialmente asumido como inmutable e incuestionable, ejerce como pilar fundamental en la perpetuación de las desigualdades y relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres. Todavía es muy significativa la falta de investigación y de especialistas entrenados para el análisis de las experiencias vitales en salud y enfermedad desde una perspectiva de género. Es necesario demostrar que la medicina basada en la evidencia, entendida como la integración de la experiencia clínica individual con la mejor evidencia proveniente de la investigación científica, una vez asegurada la revisión crítica y exhaustiva de ésta1, deja fuera muchas de las dolencias que nos afectan a las mujeres, al no tener un conocimiento exhaustivo de las mismas o al estudiarlas a través del hombre como sujeto, para luego extrapolarlo a toda la población.

Hablamos de una medicina androcéntrica al asumir que el enfoque de la investigación y asistencia clínica se basa en la perspectiva masculina. Es por esta visión androcéntrica de la medicina que a lo largo de la historia las mujeres hemos sido relegadas a un segundo plano en la investigación, y por lo que hemos sufrido un gran desconocimiento acerca del funcionamiento de nuestros cuerpos y nuestras afecciones. Es necesario aplicar la perspectiva de género en el ámbito sanitario, incorporar marcos teóricos y enfoques que abarquen el concepto de salud integral, que considera la salud como un proceso en el que influyen la biología, el contexto social y la experiencia subjetiva vivida.2 Como dicen algunos entendidos en salud pública, “en la enfermedad, es más importante el código postal que el código genético”, aludiendo al importante papel que tienen los factores sociales y la vulnerabilidad psicosocial a la hora de enfermar. Basándonos en esta premisa, es necesario tener en cuenta las diferencias en la forma de enfermar según el género y las disparidades que se producen sobre el proceso de salud.

Para comprender todo esto, he seleccionado algunos conceptos que no solemos oír en nuestra vida cotidiana pero que son importantes y servirán como apoyo para entender numerosos aspectos de nuestro papel como sujeto en esta sociedad y sobre nosotras mismas.

Es importante entender a qué se deben las diferencias en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades de mujeres y hombres, así como se deben desagregar los datos de las enfermedades que nos afectan a unos y otras para poder tener un concepto de salud acorde con la realidad y desde una perspectiva de género.

ALGUNOS CONCEPTOS CLAVE RELATIVOS A LA SALUD DE LAS MUJERES

Hablamos de morbilidad diferencial al referirnos al conjunto de enfermedades y factores de riesgo que se dan con distinta frecuencia en hombres y en mujeres ya sea esto motivado por diferencias biológicas, sociales o psicológicas. Por ejemplo hablamos de morbilidad diferencial al afirmar que, en términos de salud mental, las mujeres sufren más los trastornos mentales relacionados con la depresión y la ansiedad en relación a las clínicas psicóticas agudas, más prevalentes en hombres.

Muchas veces, estas desigualdades en el estado de salud son invisibilizadas debido a la falta de mujeres en las investigaciones y a los estereotipos de género, lo cual nos lleva a hablar de los sesgos.

Los sesgos de género se definen como el planteamiento erróneo de igualdad o de diferencia entre hombres y mujeres (en su naturaleza , comportamientos y razonamientos) el cual provoca una conducta desigual en los servicios sanitarios e investigación . El entendimiento de los mismos es fundamental a la hora de hablar de desigualdad en la salud de hombres y mujeres.

Poniendo ejemplos concretos, existe una creencia generalizada que afirma que las enfermedades cardiovasculares son más frecuentes en hombres que en mujeres, bien, pues esta creencia está basada en sesgos de género en la investigación y en la atención. La insuficiente presencia de mujeres en los ensayos clínicos conduce al estudio de la enfermedad bajo patrón masculino lo cual no considera las formas de presentación femeninas y por tanto invisibiliza los síntomas.

Debido a que las mujeres ejercemos el trabajo de cuidados y nuestra atención se inclina principalmente hacia los demás, nos despreocupamos de nuestra propia salud y por esto también acudimos con una hora de retraso al hospital de media . Además, por los estereotipos de género, se valoran las quejas y dolores de las mujeres como menos graves, dando como resultado un retraso en el diagnóstico y una mayor letalidad en las enfermedades cardiovasculares. Es decir, se está produciendo un sesgo en la atención clínica que condiciona una inequidad en la aplicación del esfuerzo terapéutico.

Uno de los sesgos sexistas clásicos se debe a la concepción sanitaria de la mujer únicamente por su condición de fertilidad y reproductora, dejando los problemas que no tienen que ver directamente con esto y las realidades sociales del género, en una posición poco privilegiada en los discursos biomédicos y de salud pública, lo que denominan como “esencialismo biológico”.5

Esto no quita que a la hora de hablar sobre las necesidades específicas de las mujeres, sea importante ser conscientes de que existe una tendencia a la medicalización y patologización de los procesos vitales como el embarazo, el parto y el puerperio. Se debe hacer un enfoque diferencial de los procesos para atender correctamente a las necesidades de cada uno de ellos.

Es interesante nombrar el concepto de violencia obstétrica, todavía negado en muchas instituciones, y que podríamos definir como la violencia que ejerce el personal sanitario sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, que al concebirlos de forma deshumanizada y mecanicista, deriva en violencia física y psíquica al entender a la mujer como un objeto de intervención y no como un sujeto de derecho. Todo esto provoca en nosotras una pérdida de autonomía y de la capacidad de decidir libremente sobre nuestros cuerpos, y afecta negativamente en nuestra calidad de vida.

Para finalizar, quiero reforzar la importancia que tiene contextualizar en los estudios epidemiológicos las diferentes realidades sociales y el constructo llamado género más allá de la variable sexo que se ha usado tradicionalmente en el ámbito medico-sanitario.

La comprensión de los mecanismos de producción de estas desigualdades en los procesos de salud en relación al género es uno de los pasos hacia el desarrollo de una medicina integral en la que se tomen medidas positivas en la línea de la salud de las mujeres.

FUENTES DE INFORMACIÓN

1. Bonfil X, Gabriel R, Cabello J. La medicina basada en la evidencia. Rev Esp Cardiol. 1997;50:819-825.

2. Velasco S. Recomendaciones para la práctica del enfoque de género en programas de salud. Madrid: Dirección General de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, Secretaria General de Sanidad. Ministerio de Sanidad y Consumo; 2008. Observatorio de Salud de la Mujer (OSM). Disponible en:
http://www.mscbs.gob.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/pdf/equidad/recomendVelasco2008.pdf

3. Musas. ¿Violencia obstétrica en España, realidad o mito? 17.000 mujeres opinan. 2019;4(1).77-97.DOI: 10.1344/musas2019.vol4.num1.5 .

4. Belli, Laura F; La violencia obstétrica: otra forma de violación a los derechos humanos; UNESCO; Revista red Bioética. 2013;1(7): 25-34. Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/12868

5. Ruiz Cantero MT. Sesgos de género en la atención sanitaria. Escuela Andaluza de Salud Pública.2009.78p.(Nueva Salud Pública.Vol.4).

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