La historia mundial parece ser la historia de la opresión y la injusticia, ya que durante largos años una mitad de la población ha sido sometida por la otra en razón de las diferencias que se han establecido cultural y socialmente entre los géneros. Estas diferencias se impusieron en forma profunda y masiva, y han estado presentes durante tanto tiempo, que han logrado penetrar por completo nuestra vida colectiva y subjetiva, organizando todo lo que nos rodea: nuestro mundo externo y nuestro mundo interno.

Son diferencias artificiales que han favorecido la construcción de jerarquías sociales donde a las mujeres -y disidencias sexuales- se nos ubica por debajo de los varones. Pero lo más impactante es que la mayor parte de las veces, todas y todos actuamos en conformidad con lo que nos plantea el mandato patriarcal sin siquiera dar cuenta de ello: nos relacionamos con los demás a través de este prisma estructural que moldea nuestro comportamiento y -mucho más profundo que esto- nuestros pensamientos; pero además, atraviesa por completo la relación que establecemos con nosotras mismas y con nuestros cuerpos. El patriarcado ha sido un nodo central que guía la forma en que organizamos el mundo, y por crudo que parezca, esta ha sido una realidad histórica irrefutable.

A pesar de todo, los últimos años han demostrado que el curso de la historia puede cambiar, y que el motor para el cambio puede ser el feminismo, que se ha levantado para remover aquello que solía sostener todo un sistema de opresión que, ahora más que nunca, se encuentra entredicho en gran parte del mundo.

Foto: La Insistente

En Chile, cada año son más las mujeres que salen a manifestar su descontento con este orden social, las que repletan la gran Alameda el 8 de marzo, las que quieren cambiar la dinámica del patriarcado, las que buscan interiorizarse en teoría de género, las que se juntan a debatir con su grupo de amigas; y este es el contexto en el que nace La Insistente, Colectiva de la Ciudad de Santiago que busca “transmitir desde el feminismo”.

La insistente es una propuesta que nace de la disolución de una comparsa de música y baile latinoamericano. Según cuentan sus impulsoras, la conformación de la agrupación “fue un poco extraña”, porque respondió a una necesidad casi innata: todas sentían la necesidad de hacer algo, de juntarse, de agruparse, de expresar desde lo colectivo, de manifestar desde el feminismo. En este proceso, la peluquería de Nicole fue fundamental, pues ahí se fraguó la idea de conformar la Colectiva, y pronto se transformó en el punto neurálgico y centro de operaciones.

“No se si definirlo como un grupo de arte, un grupo de acción o un grupo de performance, pero lo que sí sé es que somos un grupo de amigas con ganas de hacer algo desde lo natural y no desde lo productivo. Tampoco estamos resolviendo todos los problemas de esta realidad (…) nos estamos haciendo cargo del momento”.

“Hacernos cargo del momento”. Un enunciado que parece tan sencillo pero cuyo contenido es importantísimo, ya que da cuenta de que el feminismo nos convoca a todas, nos moviliza y nos junta, nos hace replantearnos cosas y salir a las calles. Y para muchas todo esto se ha desarrollado de manera natural: sin saber muy bien cómo o por qué, todas sentimos al feminismo como un revulsivo, como un fenómeno que ha comenzado a remover cosas que parecían imposibles.

Foto: La Insistente

“yo siempre me he movilizado con el feminismo desde una vereda académica, que se queda en lo racional, pero que sigue siendo un espacio muy masculino, como la letra, el texto, el discurso, la voz, etcétera (…). Este espacio [la Colectiva] es volver al cuerpo, es volver a esos otros saberes que están perdidos que son la intuición, el conversar, el sentirse, el tocarse, el quererse. Siento que ahí también se vive mucho el feminismo y lo tenemos disociado, por que se cree en el imaginario social que son tonterías. ¿por qué dices feminismo si te estás juntando con tus amigas?, ¿por qué eso sería feminismo?. Hay que plantearse qué tipo de feminismos estamos validando y cómo queremos encarnar el feminismo”.

En efecto, esa forma de relacionarnos con los demás y de relacionarnos con nosotros mismos mediada por el imperativo patriarcal comienza a transformarse, y esto se expresa de múltiples maneras. El feminismo nos ha llegado como posicionamiento teórico, como corriente de pensamiento, como movimiento social, pero también como un flujo subterráneo que ha iniciado una revuelta desde abajo, una revuelta que nos hace cuestionar nuestro lugar en el mundo, nuestra subjetividad, una revuelta que nos invita a explorar los límites de lo que podemos hacer.

¿Sobre los objetivos? Las Insistentes señalan: “queremos ser fabulosas y chorizas (…), fabulosas por que queremos ser felices, sentirnos regias, bailar y brillar; y chorizas por que nos posicionamos en un lugar simbólico que tiene que ver con algo contestatario. Usamos capuchas, por que no queremos distinguirnos individualmente y queremos querernos”.

Lo interesante de este fragmento es que se mencionan elementos subjetivos importantes que se combinan con un modo de enfrentarse al mundo, un modo de expresar, demostrar y de relacionarse con las otras personas; y en todo este entramado, existe algo de lo subjetivo que se satisface con la acción colectiva: las insistentes no pretenden reconocimiento individual, por eso esconden su individualidad bajo las capuchas -y con ello subvierten algo de la lógica capitalista que explota las consecuencias de la individualización-, las insistentes quieren expresar desde lo contestatario, las insistentes quieren quererse, pero no de cualquier manera, ese querer debe ser expuesto en lo que algunos consideran el ámbito de lo público:

“Queremos mover espacios no privados. Perfectamente podríamos querernos y juntarnos todos los días en una casa a tomar el té, pero nos gusta querernos y expresarlo públicamente, que todo el mundo lo sepa, y desde ahí tensionar al resto. Queremos visibilizarlo, mostrar otras posibilidades del quererse públicamente”.

Hacia el final de la conversación, surge algo curioso: la Colectiva nos recuerda la manera en que el feminismo ha comenzado a trastocar el funcionamiento de lo público y lo privado, desmontando aquellos mitos y mantos que solían empantanar una realidad que se suponía debía quedar silenciada y enclaustrada en un mundo de cuatro paredes. Por su parte, la insistente es la emergente de este movimiento subterráneo que ha venido conmoviendo al mundo, y las insistentes son las que no se rinden, las rebeldes del patriarcado, las que no se conforman, las que nos recuerdan que podemos querernos sin temores. Las insistentes son las hijas del feminismo que insisten en la construcción de un mundo mejor.

Foto: La insistente

“ya pasó demasiado tiempo en que estábamos en el mundo privado, vamos a salir al mundo público con todo, hasta con nuestras emociones”.

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