El trabajo sexual es uno de los temas más debatidos y controversiales dentro del movimiento feminista. Las voces en contra y a favor (abolicionistas y regulacionistas) se trenzan y dividen las aguas. Pero hay un dato objetivo, irrefutable: la prostitución, el trabajo sexual, existe. Y una de las referentas más importantes en la lucha de las trabajadoras sexuales, es Georgina Orellano, en cuya cuenta de twitter se declara “Peronista/Puta/Feminista”. Es, además, militante por los derechos humanos, y Secretaria General Nacional de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina).

Para conocer más sobre su postura, y la de aquellas personas que bogan por la regulación y sindicalización del trabajo sexual, el equipo de TRNS fue recibido en el living de su casa, en el barrio de Constitución, para conversar con ella en el marco de un proyecto para generar indumentaria que represente la lucha de las compañeras.

Esto fue lo que nos contó.

Referencias:

G – Georgina Orellano

T – Equipo TRNS: Julieta Omil, Martina Barreiro y Damasia Arias(+ Agata Menichini)

Desgrabado y Edición: Agata Menichini

***

Georgina, su historia, y su mirada en torno al Trabajo Sexual

T: ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo y lo que menos te gusta?

G: Lo que más me gusta es que me paguen por mi tiempo, por compartir mi tiempo, por contarme sus fantasías o sentir que la trabajadora sexual no te va a juzgar. En otras relaciones atravesadas por el amor romántico o ciertas estructuras patriarcales eso no se da. El cliente con la puta siente más libertad, una sexualidad más libre. Ahora eso lo valoro, por ahí antes ni le daba bola. No me interesaba tanto por la vida del cliente. No analizaba por qué el cliente venía a buscar esto como una fantasía cuando tranquilamente podría haber estado dentro de su disfrute sexual. Pero con la militancia, leyendo, investigando, me di cuenta de que claramente hay una cuestión de dividir la sexualidad entre un sexo bueno y un sexo malo. Entonces lamentablemente la mayoría de las fantasías, deseos o placeres que casi toda la gente tiene cae adentro del sexo “malo”, y para desarrollarlo plenamente tienen que buscar a alguien que también está clasificado dentro de lo “malo”. La puta en relación a la categoría mujer está dentro de lo malo, la mujer mala. La única manera que socialmente está aceptada la sexualidad es como penetración entre personas específicas y cualquier cosa que escape a eso está mal. No se piensa como placer y deseo sino como lo perverso, lo sucio, lo malo, lo asqueroso. Y frente a ese pánico moral, sienten que el único sujeto que no va a poder juzgar y castrar, es la trabajadora sexual. Eso es lo que más me gusta de mi trabajo. Que vengan a pagar para encontrar eso que no encuentran en otro lado.

Lo que menos me gusta es la doble moral de los clientes. No me gusta que después de terminado el servicio sexual o social los clientes vengan a cuestionarte por qué estás trabajando en una esquina y no se cuestionen ellos qué hacen con una trabajadora sexual. Eso me enerva. Y pasa bastante que por ejemplo terminas un trabajo y el cliente te dice “che, pero por qué no te fijás, vos hablas muy bien, por qué no te buscas otro trabajo”. O te preguntan “¿cuántos años tiene tu pibe?” Y yo les digo tiene diez y dicen “uh bueno pero cuando sea más grande se va a dar cuenta”. Y yo pienso, ya se dio cuenta, amigo. Pero no se lo podes decir a los clientes porque inmediatamente piensan, “ésta es una mala madre, cómo le va a contar a un pibe de diez años que es prostituta”. O te dicen “uh, todas las cosas que le van a decir cuando tenga dieciocho años”. Todas cosas que ya le pueden decir ahora, que tiene diez. Esa doble moral me enerva.

Después hay otros que piensan que porque la trabajadora sexual te trata bien, te escucha, no te juzga, te respeta, te da un consejo, pasa un poco a ser propiedad de ellos. Terminan olvidándose de que están pagando por este servicio. Se confunden un poco los tantos a veces. Si mirás un mensaje de whatsapp y no le contestás al toque empiezan a preguntarte por qué no les contestaste, por qué tardas. Y una piensa y bueno porque estoy trabajando, y así como vos me encontraste cuando yo ofrecía mi servicio, estoy ofreciéndole ese servicio a otra persona y no necesito que me estén mandando mensajes.

T: ¿Hace cuánto te dedicas al trabajo sexual?

G: Desde los 19 y ahora estoy por cumplir 32.

T: ¿Qué modalidad usas para trabajar? ¿En qué espacios?

G: Yo trabajo más que nada en la calle. Esa no es la única modalidad, hay un montón de maneras de ejercer el trabajo sexual. Pero en mi caso siempre trabajé en la calle. Yo me paro en una esquina en un horario determinado que es un horario que me sirve a mí. Prefiero trabajar de día, de mañana o de tarde. Lo que implica pararte en la esquina es estar atenta a distintas señales que te hacen los clientes. Si te hacen luces, ponele, significa que quieren que te acerques al auto. Si te hace señas el chofer o el conductor significa que quiere que camines una cuadra más porque no quiere parar ahí. Hay muchísimas señales y cosas para estar atenta cuando laburas en la calle. Mirar adentro del auto cosas que te puedan hablar de la persona, mirar la patente o el modelo por si se adelanta el chofer, cosas así.

T: ¿Cómo arreglas con el cliente tus reglas?

G: Nunca me subo al auto sin tener el acuerdo cerrado. Algunos te piden que subas para no quedar tan expuestos a que yo esté agachada hablándoles por la ventana, y hay otros a los que no les importa. Pero sí, ahí arranca toda la conversación de la negociación. Una trata de poner los límites, las condiciones. Decir desde cuáles son los servicios que ofreces, qué tarifas, a qué hoteles podemos ir. Nunca decimos las cosas que NO hacemos porque es como anularle el deseo al cliente. Decimos las que sí ofrecemos. Y en todo caso si el cliente te pregunta por algún servicio en particular, aclarás. A veces cuando les decís el precio de los servicios algunos te tratan de negociar, y hay otros que no. Después también aclaramos que el servicio que ofrecemos se hace en hoteles transitorios, y que los hoteles son los de la zona, les contamos que tenemos tarjetas de descuento para tal hotel, y ahí terminan de decidir. Tratamos de que siempre sea por la zona.

T: ¿Cuál es el rango de edad promedio de los clientes?

G: Con los que yo trabajo por lo menos, de cuarenta años para arriba.

T: ¿Muchos son casados?

G: Hay muchos casados pero también hay muchos viudos. También están los que son como los tímidos, que no te vienen a decir che, yo hago esto porque no puedo levantarme a nadie, pero una se da cuenta (risas). Y por otro lado pasa mucho que hay cierta corporalidad en algunos clientes que queda como por fuera de la norma patriarcal, del cuerpo deseante, que quedan por fuera del placer sexual porque quedan por fuera del estereotipo de la belleza impuesta socialmente. Hay un montón de cuarenta años que no solamente no cumplen con el mandato de la belleza, sino que tampoco cumplen con el mandato económico, digamos, que muchas mujeres esperan. No tienen trabajo fijo o viven al día y ellos mismos te cuentan que no consiguen una compañera por esas razones. No es solo el aspecto físico. Hay muchos que también te cuentan que están separándose, o en proceso de divorcio, y una inmediatamente piensa uy este es un machista. Pero después te descolocan con el trato que tienen para con la trabajadora sexual. A mí me descolocan los clientes que vienen a decirte por ejemplo que su mujer no quiere coger, o que no quiere hacer tal cosa, y una ya piensa, qué machista de mierda, pobre mina, pero después te preguntan qué es lo que a vos te gusta para hacértelo. Vienen a querer complacerte y te descolocan.

Hay todo otro tipo de clientela para las que trabajan por redes sociales, también, pero pasan cosas parecidas que descolocan. Los clientes tienen foros donde van poniéndole puntaje a la mina, todo muy machista y masculinidad al palo, y las pibas me cuentan que de pronto hay algunos que las tratan re bien, que son re dulces, pero después van al perfil para ver que subieron al foro y ponen cosas horribles de ellas, como que chupan la pija re mal, o que es una putita barata, y después con ellas son un amor. Pero potencian ahí su masculinidad, se hacen los viriles, no sé.

T: ¿Te encontraste alguna vez con una situación violenta? ¿Algún cliente que no te dejara bajar del auto o te tratara mal?

G: Dos veces me pasó. Una vez uno me hizo que le haga una francesa en el auto y yo no le cobré el servicio al principio. Como él mientras manejaba con el auto, yo no veía y cuando terminé el servicio estábamos como a veinte cuadras y me dijo bajate y no me pagó. Después aprendí que si hago una francesa elijo yo el lugar y hasta que el auto no pare, no lo hago. Y siempre primero que me paguen. Eso es un código que manejamos todas en general, primero te tiene que pagar.

T: ¿Creés que el estereotipo del trabajo sexual que existe se asemeja a la realidad o no tiene nada que ver con eso?

G: Pasa que las narrativas en torno al trabajo sexual que siempre existieron nunca complejizaron en la realidad de la prostitución. O te pintan como la puta víctima, sumisa, cuyo final es que la rescatan o que un cliente la salva, o te muestran como la puta VIP que trabaja en lugares re exóticos, con una clientela determinada, y termina enamorándose de alguien y no quiere que ese alguien se entere de que es puta, entonces termina dejando el laburo para estar con esa persona…No digo que eso no exista nunca pero no es para nada representativo de lo colectivo. Nosotras cuando nos vamos a parar a la esquina no estamos esperando que alguien venga a rescatarnos. Eso es una construcción de telenovela, como la de la pobre empleada doméstica que termina casándose con el dueño de casa y encima se hace rica. Esos son los finales que se piensan. Salvarnos, rescatarnos dentro del amor romántico, finales todos de telenovela que nos ubican en un lugar que no es real. La vida de la puta no tiene un “final” ideal, porque es como cualquier otro tipo de trabajador que tampoco tiene un final “feliz”. Trabajar hay que trabajar y eso les que somos trabajadores lo sabemos.

T: ¿Cómo es tu relación con los vecinos de acá, de tu casa?

G: Pasa que yo no laburo acá en mi casa. Vivo acá con mi hijo nomás. Pero con alguna vecina tuve alguna situación. A mí nunca me dijeron nada pero sí por ahí le preguntaron al de seguridad, o al portero, o manifestaron su preocupación en alguna reunión de la administración (a las que yo no voy porque no soy dueña del departamento este). A mí esto me sirve por muchas razones, porque hay seguridad para cuando mi hijo se tiene que quedar solo, porque es cerca de AMMAR y del colegio de Santino, pero después no tengo mucha compatibilidad con la gente de este edificio. Hay un hola por compromiso y nada más. Hay una mirada de “ésta es sapo de otro pozo, no es de acá”. Hay empatía y buena onda con el de seguridad o el portero, ponele, porque es otro laburante y tiene problemas como los que tenemos les trabajadores. Pero con el resto ni ahí. Yo ya le aclaré alguna que otra vez al de seguridad, si a vos te preguntan qué hace una prostituta viviendo acá, vos decile: “y, vive”.

Problemáticas en relación al Trabajo Sexual / Funcionamiento de AMMAR

T: ¿Hay problemas para las trabajadoras que laburan en la casa? ¿Con los vecinos y demás?

G: Sí, es un recontra problema cuando trabajas puertas adentro. Siempre las compañeras que laburan en su casa vienen a contar que tienen problemas o con los vecinos, con la administración del lugar, con los porteros o con alguna vecina que le rompe los ovarios. Las aprietan para denunciarlas. Las que no tienen problemas son las que viven en edificios con muchas oficinas, porque después de las seis de la tarde no hay nadie y es la gloria eso. Pero si viven en edificios con mucha familia, esbardo.

T: ¿Cuál es el rango de edad de las trabajadoras?

G: En AMMAR va desde los 23 hasta los 65 años más o menos. Y la mayoría son de entre 40 y 65.

T: Desde que se empezó a hacer conocida la lucha de las trabajadoras sexuales, ¿se acercaron más personas a AMMAR?

G: Se acercaron más jóvenes, y sobre todo las compañeras que trabajan con las redes sociales, porque empezaron a ver la militancia que tenía AMMAR en las redes. Trabajadoras jóvenes que laburan en internet sobre todo. Por supuesto que en AMMAR son bienvenidas todas las trabajadoras, pero igualmente la trabajadora de internet no es la trabajadora sexual como sujeto político atravesada por la violencia institucional. Nosotras tratamos de hacerles comprender eso, que se tienen que organizar, que tienen que luchar por sus derechos, por conseguir obra social, jubilación. Ellas también están atravesadas por el estigma y por la falta de derechos pero hay otras compañeras que son violentadas por la policía todo el tiempo. Los problemas de me bajaron el Tumblr o me dieron de baja la página de Facebook es otra. Es un problema, sí, pero hay compañeras que están en contextos mucho más ilegales y precarizados, y que padecen mayor violencia. Eso para nosotras es prioridad. Claro que eso no significa que sólo vamos a trabajar con la puta de la calle que sufre violencia institucional, la organización tiene que ser como un rompecabezas en donde haya representación de todas las voces. Pero el sujeto político que tiene que entrar en la discusión es la compañera que te pueda decir en primera persona cuáles son las consecuencias que tiene por trabajar en la clandestinidad. Que la lleven en cana, que pague coimas. Igualmente las experiencias de las compañeras que trabajan en internet son súper valiosas para nosotras, porque también ayuda a desestigmatizar el estereotipo. Porque la gente tiene una idea de que la única puta es la puta pobre que está en la esquina y no, también hay universitarias que ejercen el trabajo sexual. En AMMAR hay un montón de psicólogas o abogadas también que te cuentan que ejercen el trabajo sexual porque les es mucho más remunerable que trabajar para otro. Les da otras posibilidades.

T: ¿Crees que los clientes adquirieron otro tipo de conciencia ahora con el movimiento feminista que hay en general?

G: Pasa que muchos de los clientes pertenecen a otro mundo, que no tienen nada que ver con todo esto. Está bueno tomar nosotras conciencia de eso, porque las que estamos todos el tiempo militando en espacios feministas creemos que el movimiento de mujeres está ganando TODO y después te juntas con un cliente y decís…no. Claramente todo no. Esos clientes también son parte de la realidad y hasta ahí el mensaje no está llegando. Hay algunos que sí te hablan de la actualidad, o de la economía, pero hay muchos que no. No alcanza con la ola verde, hay que profundizar más y hay que llegar a otros sectores. Claramente en la casa de ese tipo no se habla de feminismo y no se habla tampoco de política. Yo tengo un montón de clientes que con el otro gobierno tenían mucho trabajo y les estaba yendo bien, y ahora están teniendo que despedir gente, o se quedaron sin trabajo, y sin embargo sienten que están mejor ahora que antes. Que siguen defendiendo un modelo que los está perjudicando. Esas cosas también te muestra el trabajo sexual. Lo que quizás sí te da el feminismo son otras herramientas. Yo por ahí antes a los clientes no les decía nada, y ahora sí puedo decirles cosas. Charlar, hacerlos reflexionar.

T: ¿Hay clientes mujeres?

G: Muy pocas. Aparecen por redes sociales más que nada. Pero no es que aparecen en auto alevosamente como sí hacen los hombres. Creo que eso es porque la mujer tampoco tiene una autonomía de poder andar después del laburo paseando con el auto. Eso es un privilegio que tienen los chabones. La mujer sale del trabajo corriendo para buscar a su pibe al colegio, y llega a la casa y tiene que ponerse a laburar también para mantener todo funcionando. Y el tipo sale del trabajo y no tiene que volver corriendo a la casa, puede andar pelotudeando. Tiene más poder adquisitivo además, porque ganan más. Las mujeres ganamos menos en todo el mercado laboral. Es un conjunto de un montón de cosas que se relacionan. Hay que tener en cuenta aparte que a la mujer le cuesta un montón ocupar el espacio público, no es tan fácil para nosotras, así que mira si vamos a estar sacando el auto para ir a pasear buscando minas. No tenemos ni tiempo. Todo lo que conlleva hacerse cargo del hogar quita autonomía. No tenemos la independencia económica que ellos tienen y aparte estamos muy cuestionadas a la hora de disfrutar nuestra sexualidad, es un campo que está vedado, todo se piensa para el disfrute sexual del hombre.

T: ¿Hay hombres trabajadores sexuales nucleados en AMMAR?

G: Hay hombres, sí. Hay hombres que entran en la categoría de hombres heterosexuales, hay compañeros que son hombres trans, hay otros que son maricas o personas no binarias. La clientela de ellos mayoritariamente son hombres o ciertas mujeres que pertenecen a otra clase social. Hay un poder económico con el que cuentan estas mujeres, y mucha hipocresía dentro de la clase a la que pertenecen. Pero lo hombres no sufren la persecución policial que sufren las mujeres, no hacen uso del espacio público para ofrecer servicios sexuales en general, o laburan en otros espacios, que pueden ser privados o en sus propias casas, por eso no sufren la persecución policial. Aparte porque socialmente está re bien visto que entren tres o cuatro mujeres por día a la casa de un tipo, pero si entran tres o cuatro hombres por día a la casa de una mujer…y, entonces es puta. Así que de alguna manera gozan de esos privilegios para no ser perseguidos. Y su realidad y su identidad tampoco está en cuestionamiento en los debates dentro del feminismo, ahí se habla sobre la mujer que ejerce la prostitución, no está pensado como el hombre que se prostituye. Ellos tienen un montón de maneras de ser nombrados que potencian su masculinidad: gigoló, taxi-boy. Y a la trabajadora sexual se la llama de maneras que no potencian nada, sino que estigmatizan, son peyorativas: prostituta, puta, yiro, gato. Hay una cuestión de desigualdad también entre los hombres que ejercen el trabajo sexual y las mujeres que lo hacen, las hetero, las lesbianas, las travestis y las trans. El trabajo sexual está atravesado por el patriarcado también.

T: ¿En AMMAR son todas trabajadoras autónomas?

G: No, hay algunas que son trabajadoras autónomas que trabajan sin pagarle nada a nadie, o teniéndole que pagar a la policía, y en esa negociación perdiendo parte de la ganancia y de la autonomía. Pero también hay otras que tienen arreglos económicos con otras personas y eso no implica que se trate de un proxeneta, como la imagen esa que se tiene en general. Hay una idea de que sólo puede ser un proxeneta con quien se tiene el arreglo, un hombre malo que se queda con toda la plata de las trabajadoras sexuales. Pero la verdad no es así siempre. Nos cuesta a nosotras un poco dar esa discusión por fuera de AMMAR porque nos van a decir que estamos defendiendo el proxenetismo, hasta nos acusan de proxenetas. Pero la realidad es que hay jefes y jefes. Yo tengo compañeras que trabajan en relación de dependencia cumpliendo un horario en su lugar de trabajo y que dejan parte de su ganancia con un pleno acuerdo entre ellas y el dueño. El dueño le cobra el espacio físico. O sea, el dinero no es en base a un porción de lo que ganan las chicas, sino que sub-alquilan un lugar, un espacio donde laburar. Y eso pasa y es necesario muchas veces por la clandestinidad del trabajo. Chicas que tienen que sub-alquilar un lugar porque no tienen un recibo de sueldo por ejemplo. Tampoco son sólo hombres los que manejan esos lugares, también hay un montón de mujeres, ex trabajadoras sexuales en muchos casos.

Para la mirada de afuera, el trabajo que se hace puertas adentro implica proxenetismo, y el proxenetismo en realidad sucede cuando hay una persona que se queda con una parte de las ganancias de las compañeras. Eso es explotación. Pero hay un montón de formas de trabajo sexual que no implican la quita de un porcentaje de la ganancia por cada servicio. Igualmente también pasa que hay gente que alquila un lugar 4 o 5 veces más caro de lo que vale aprovechándose de que la trabajadora sexual sino no puede alquilar. Es un poco como en el capitalismo mismo. Hay jefes que son piolas, y hay otros jefes que son una mierda. En el trabajo sexual también. Hay jefes que a compañeras mías le han dado créditos para que se puedan comprar un auto o se puedan hacer la casa o festejarle los 15 a su hija. Como también hay dueños de mierda que hace cinco años no les quieren cambiar el colchón a las compañeras y que les cobran hasta los preservativos.

La mejor manera de poder hablar sobre esto es ir a preguntarle a la compañera que decide trabajar en esa situación cómo lo vive y qué le pasa con eso, por qué lo decide. Yo antes tenía una cosa como que era anti fiolo totalmente, y la idea de que AMMAR tenía que ser la organización que defendiera el trabajo autónomo. Por supuesto que lo seguimos defendiendo al trabajo autónomo, pero estaba equivocada mi mirada sobre el proxeneta, porque me negaba a esa posibilidad, porque anteponía mi deseo y mi decisión de cómo ejercer el trabajo sexual como única opción posible para todo el conjunto de las trabajadoras sexuales. Creo que ese es el error. Yo trabajo en la calle pero no voy a pretender que todas las trabajadoras laburen en el espacio público, porque el espacio público te expone a un montón de situaciones, conlleva riesgos de violencia policial o discriminación por parte de los vecinos. Lo mismo las compañeras de las redes sociales, seguramente ellas no trabajarían nunca en la calle, y eligen las redes porque es una manera de protegerse y de captar clientes de maneras que no impliquen un contacto directo. Lo mismo las compañeras que laburan en departamentos privados. Yo cambié mi posición que tenía súper cerrada cuando las escuché a ellas. Muchas decían mira todo bien con la cooperativa de trabajo sexual pero yo no quiero ser autónoma , quiero seguir trabajando así, dejando un porcentaje de mis ganancias, cumpliendo un horario, pagando un alquiler quizás tres o cuatro veces más porque me es más fácil para mí así. Que no quieren estar al frente de ninguna cooperativa porque quizás la familia no sabe que son trabajadoras sexuales. A veces ni siquiera les rinde económicamente, porque no se quieren hacer cargo de los gastos y el riesgo. Algunas prefieren ir, cumplir un horario y chau. Después que el dueño se arregle si tiene que arreglar una coima con la policía, pagar los gastos del lugar.

Lo que sí respetamos en AMMAR es la autonomía en la decisión. Si vemos que hay compañeras que deciden trabajar de esa manera, desde ningún lado se puede invalidar. Son las opciones que existen dentro de un sistema capitalista que no beneficia a ningún trabajador, en relación de dependencia o no. No podemos ir a exigir que ninguna compañera sea autónoma porque no podemos darle garantías tampoco de que va a poder ejercer su trabajo libremente sin ser perseguida. Tenemos muchos casos de compañeras que formaron cooperativas y duraron tres meses, y pusieron sus pocos ahorros en esa cooperativa para desprenderse de la figura del dueño o dueña o de la tercera parte que se quedaba con parte de su ganancia. Pero también en ese sistema de relación de dependencia dentro del trabajo sexual, se dan un montón de acuerdos económicos con la policía, con los operadores judiciales. Entonces si vos no pagas la coima a la brigada de calle, al área de narcotráfico, a la comisaría de la zona, te limpian, te clausuran el lugar. Y las compañeras al final terminaban trabajando para todo el mundo menos para ellas. Si el Estado no da la garantía de que laburando como autónoma no te van a perseguir ni vas a dejar de tener que pagar coimas, es muy difícil.

Distinto sería si el trabajo estuviera reconocido, con una marco legal que nos ampare. Hoy eso no existe.

T: ¿Salen a hacer recorridas con AMMAR? ¿De qué se tratan?

G: Lo que hacemos es tres veces por semana, los lunes jueves y viernes, recorridas por distintos barrios en zonas de trabajo sexual. En este caso en Ciudad o Provincia de Buenos Aires, pero donde AMMAR tiene presencia gremial en otras provincias, también. Entregamos bolsas con veinte preservativos, con un volante con nuestra información y nuestros números y además está explicado, de la manera más clara posible, qué hacer en una situación si la policía te detiene o sufrís violencia institucional. En realidad el preservativo es el medio para llegar a la compañera, poder charlar y entrar en confianza para que nos diga de qué manera trabaja, si la policía la persigue, cómo está el laburo. Buscamos entrar en confianza para saber qué problemática hay en el barrio y a partir de eso pensar una estrategia. Si hay problemas graves como que la policía no las deja trabajar, rápidamente generamos una reunión en los días siguientes, llamamos al equipo de abogados y vemos qué podemos plantear como organización. Si es factible ir a hablar con la comisaría, o denunciar ante alguna fiscalía el accionar de la policía en relación al espacio público y demás. Se basa en dar respuesta a la problemática que tienen las chicas. Ahora que bajó un montón el laburo, por ejemplo, lo que hacemos es repartirles bolsas con mercadería.

T: ¿Y en general hay buena recepción de parte de las trabajadoras?

G: Sí, re buena recepción. Yo hace ocho años que estoy en AMMAR y nunca ninguna nos recibió con rechazo. También porque lo que acordamos en AMMAR es que la que labura en la calle es la que tiene que ir a hacer la recorrida con las compañeras, porque hay un entendimiento de los códigos que se manejan, todo un lenguaje propio que hace que nos entendamos. Hay una experiencia que te une y te permite decir yo también laburo en la calle como vos y sé lo que significa.

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