El grito es colectivo
ya no callamos
ya no callamos
hermanadas y valientes
por las que ya no sienten
(El grito – Sobreviento)

La antesala de la quinta movilización por Ni Una Menos es con pares de zapatos. Zapatos negros, de plataforma, con taco. Zapatillas urbanas, deportivas, de cordones gruesos y finos. Sandalias, chatitas, botas y borcegos. Los hay en todos los colores, talles y tamaños porque si hay algo no hace la violencia patriarcal a la hora de cobrarse vidas, es discriminar.

“Nos ponemos en sus zapatos”, es el nombre de la intervención que se despliega a lo largo de la calle Entre Ríos, frente a un Congreso que se erige inmutable ante los reclamos. Cada par, ubicado a los ojos de quienes nos representan, simboliza a las mujeres, niñes y diversidades, que fueron descalzades, en estos cuatro años, de su derecho a vivir una vida libre de violencias.

Fotografía: Liana Ludmila Rodríguez / Vitrina Feminista

Pero cada ausencia no es sólo material aislado para estadísticas sino que exponen la desidia y el abandono del Estado y sus instituciones. Esta ausencia de políticas, agrupa y organiza desde el dolor y la rabia: “Desde el feminismo venimos haciendo todo para que esta situación se revierta”, expresa Raquel Vivanco, presidenta del Observatorio Ahora que sí nos ven. “Venimos avanzando en términos culturales o de generación de mayor conciencia en relación a la violencia que sufrimos las mujeres y las disidencias. Todo se lo debemos a nuestra movilización constante y permanente que se expresó desde el 3 de Junio de 2015 y que no ha decaído ni un poco”.

Sin embargo, si el poder de convocatoria no ha decaído es porque la violencia no dió tregua. Según el Registro Nacional de Femicidios del Observatorio presidido por Vivanco, fueron 1193 los femicidios cometidos desde la masiva movilización que agrupó a miles en el año 2015. “Los femicidios que vemos son cada vez más violentos, pese a que muchos de estos hechos de violencia fueron denunciados y tenían restricciones judiciales”, expresan las conclusiones del informe. Aún así, este recrudecimiento de la violencia, para Vivanco, no debe leerse en términos de contraataque: “No es que a partir de nuestra lucha aumentó la violencia. La violencia está, existe y existió. A partir de nuestra lucha la hacemos visible”, explica. Y agrega: “Lo terrible es que, ante el crecimiento de la conciencia y la decisión de las mujeres que entienden que están atravesando situaciones que las comprometen en su vida y su salud y así deciden denunciarlo, no tenemos instituciones del Estado que puedan atender y contener esta demanda. De alguna manera eso da un mensaje perverso a los agresores, a los violentos, porque siguen gozando de cierta impunidad, dice sobre la falta de políticas de prevención, protección y contención. Además, para la dirigenta, el aumento en el número de femicidios -que alcanza un promedio de casi 300 por año-, también se debe al contexto político y social neoliberal que atraviesa la Argentina: “El aumento de la pobreza, el aumento de las tarifas, el desempleo constante, hacen que la violencia en general resurja y el hilo más delgado de esa violencia también es la que se imparte contra nosotres, las mujeres y las disidencias”, detalla.

Fotografía: Liana Ludmila Rodríguez / Vitrina Feminista

Aún así, no hay factor que apacigue la lucha. En la marcha, que comenzó alrededor de las 17hs, entre batucadas y banderas se hicieron presentes familiares de las víctimas, organizaciones sociales de todos los estratos, partidos políticos de variada representación y diversos colectivos de mujeres, mujeres trans, travestis, migrantes, afrodescendientes, indígenas y originarias. Todes desfilaron en libertad de Congreso a Plaza de Mayo, con el fuego puesto en la arenga, la entrega y el deseo de justicia por y para sus compañeres: “Estoy acá por mis hijas”, dice una mujer acompañada por dos nenas, ambas con el símbolo de la mujer dibujado en glitter en sus caras. Y en consonancia, otra joven expresa: “Estoy acá porque soy chica y quiero aprender sobre mis derechos, quiero crecer en un ambiente feminista”, y agrega que es su mamá quien la apoya y acompaña en todo este proceso: “Ella me llevó a reuniones, también a marchas”.

Porque el feminismo, hoy en día, parte al medio las brechas generacionales y nos deja de frente con otra manera de identificarnos, conocernos y vincularnos.

Para el final de la jornada, sabíamos que habíamos vuelto a hacer historia. Desde el escenario del acto multitudinario se gritaron los desafíos: el fin de los femicidios, travesticidios y transfemicidios, justicia por les que ya no están y la urgencia de financiamiento para la Ley de Protección Integral a las Mujeres que el día de hoy sólo cuenta con un presupuesto de 11 pesos por mujer. Como expresa Raquel Vivanco: “El desafío es seguir haciendo ruido, seguir gritando que dejen de matarnos para que de una buena vez los tres poderes del estado y quienes tienen responsabilidad para garantizar nuestro derecho a vivir una vida libre de violencia lo hagan. Nosotras irrumpimos y ya nos instalamos fuertemente en la agenda social, en la agenda mediática pero lo cierto es que quienes tienen la posibilidad de ejecutar planes y políticas para disminuir la violencia, no lo están haciendo. Necesitamos que se vayan quienes no están dispuestos a garantizarnos los derechos humanos a las mujeres”.

Que se vayan o que respondan por las que muertas que vendrán.

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