Por: María José Guerrero González
Presidenta de OCAC
Integrante de Vitrina Feminista Chile

El pasado 03 de mayo se promulgó la Ley 21.153 que modifica el Código Penal para tipificar el delito de acoso sexual en espacios públicos. Esta ley, que estuvo 4 años en el Congreso, fue producto del trabajo del Observatorio Contra el Acoso Chile (OCAC) -antes Observatorio Contra el Acoso Callejero Chile-, organización feminista de la sociedad civil que puso en el tapete público un viejo fenómeno como un nuevo problema social que merece la atención de la sociedad completa porque afecta a todo su entramado.

Fotografía: @ProyectoPopular

El acoso sexual callejero no sólo es un viejo fenómeno en Chile, sino que en la región y en la mayoría –por no decir todos- los países del globo. Los datos chilenos sobre la prevalencia del acoso callejero no se escapan a las tendencias de mediciones de otros países. La información recabada por OCAC muestra que la mayoría de las mujeres ha sufrido alguna experiencia de violencia sexual en el espacio público, donde el peak de comienzo son los 12 años de edad y donde el 50% de las mujeres jóvenes lo sufren por lo menos una vez a la semana. En un cálculo de proyección simple, se podría dar cuenta que, entre los 12 y 25 años, al ser acosada por lo menos una vez a la semana, se habrán sufrido más de 600 actos de acoso sexual callejero.

Si bien las mediciones también señalan que los hombres cuentan con índices de victimización, son considerablemente más bajos que los de las mujeres, dejando en evidencia que la diferencia reside en que a ellos les ha pasado y a nosotras nos pasa. Esta diferencia en la frecuencia no es menor en tanto las experiencias aisladas en el tiempo pueden contar con más espacio para su resignificación, mientras que experimentar tal vulneración de forma constante tiene efectos en la constitución de las sujetas. Esto después genera, entre otras cosas, que las mujeres tengamos un toque de queda para salir en las noches de nuestras propias casas, que generemos estrategias de movilización distintas según con quién salimos, para dónde y cómo nos vestimos, entre otros elementos.

El trabajo problematizador del OCAC en lo que refiere al acoso sexual callejero, ha sido desde un enfoque feminista, por lo tanto lo trabajó como una violencia de género. Esta violencia de género se evidenciaba en que más niñas y mujeres lo sufren, y además en que más varones lo realizaban. Los acosos que reciben niñas y mujeres provienen mayoritariamente de hombres, y los acosos que reciben ellos también son cometidos por otros varones, dejando como elemento analítico qué masculinidades son acosadas. De esta forma, se evidencia una relación de subordinación de género en el espacio público.

La labor de develar la forma en que operaba el acoso sexual callejero en Chile dio paso a robustecer la crítica de que tales violencias no eran consideradas dentro de la legislación como violencias sexuales. Es más, la mayoría de las prácticas de acoso callejero no eran consideradas delitos o faltas, entre ellas las amenazas de violación, arrinconamientos, persecuciones, ciertas tocaciones del cuerpo, etc. Y las que sí eran consideradas dentro del Código Penal, caían en el artículo 373 del año 1874 que castiga las ofensas al pudor y a las buenas costumbres. En otras palabras, la transgresión de alguien orinando en la calle equivalía a lo mismo al exhibicionismo y/o la masturbación en frente de una mujer.

Producto de lo anterior era urgente contar con un mínimo que era que el Estado condenara estas prácticas como lo que son: una violencia sexual. Sabemos que el acoso sexual callejero no dejará de ocurrir producto de una ley, pero también sabemos que es importante contar con tal herramienta como una de las tantas formas para contribuir a su erradicación y a la reparación de las miles de niñas y mujeres que somos víctimas de esta violencia, porque para reparar siempre es primero necesario reconocer.

La herramienta legislativa en Chile existe gracias a toda la historia de los movimientos feministas y de mujeres, al empuje de la nueva etapa del movimiento feminista latinoamericano, a mujeres que se han activado como sujetas políticas.

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