Que te silben. Que te miren lascivamente. Que te hablen al oído. Que te rocen. Que te toquen. Que te agravien. Que te muestren los genitales. Que se masturben. Que eyaculen sobre vos. Que te apoyen. Que te sigan. Que te griten en grupo.

Imagen de: Noelia Ale / Vitrina Feminista

Estas son solo algunas de las situaciones de acoso que sufrimos las mujeres en nuestro tránsito por la vía pública.

Por eso, este pasado Abril, el movimiento de mujeres de Argentina dio un paso adelante al lograr que la Cámara de Senadores nombre, en materia de leyes, al acoso callejero por lo que es: un tipo de violencia. El mismo, además, será incluido como inciso en la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, y penará “toda conducta u acción, física o verbal, con connotación sexual y no deseadas, realizada por una o más personas en contra de toda mujer o persona que se autoperciba como mujer, llevada adelante en lugares o espacios públicos, o de acceso público, que de manera directa o indirecta afecten y/o perturben su vida, dignidad, libertad, integridad física y/o psicológica y/o el libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación y/o un ambiente ofensivo en los espacios públicos, siempre y cuando no configure un delito más severamente penado”.

La ley, que aplicará a los ámbitos públicos y privados de libre acceso, había sido presentada en el año 2017 por la diputada Diana Conti del Frente para la Victoria.

Pero el hartazgo hacia esta práctica llevaba años presente en la agenda del movimiento de mujeres. En el año 2015 el descargo de una adolescente se hizo viral. Aixa Rizzo estaba cansada de sufrir acoso y hostigamiento por parte de un grupo de obreros que trabajaban en su cuadra, y decidió contar lo sucedido en las redes sociales. El relato hizo ecos de solidaridad en miles de mujeres que se sumaron a la joven compartiendo sus incómodas y variadas experiencias. La indignación llevó a preguntas y fueron distintas organizaciones sociales las que se tomaron el trabajo de ofrecer respuestas. Así, enumerando las voces en encuestas, surgieron los primeros números que construyeron las alarmantes estadísticas.

Según las Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), 100 de cada 100 mujeres fue acosada en la vía pública. Los informes permitieron conocer en detalle los tipos de agravios recibidos y también los distintos tipos de estrategias que las mujeres utilizan para evitarlos, ya sean evadiendo lugares y cuadras oscuras (87%), cruzándose de vereda cuantas veces sea necesario (74%) o bien eligiendo rutas alternativas por más que impliquen caminar cuadras de más (67%).

El revuelo, a su vez, tuvo repercusiones en la política. Ese mismo año, tres proyectos fueron presentados en el Congreso de la Nación pero no prosperaron.

Luego, en el año 2016, el acoso callejero fue incorporado al Código Contravencional de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (art. 65 bis). Sin embargo, esta conquista dejaba un sabor amargo. Por un lado, el hostigamiento a las mujeres sería penado pero por otro su figura como contravención, lo definía como una pequeña transgresión o falta y no como un delito contra la integridad sexual.

La dificultad de abordar y de penar debidamente esta práctica se vincula al arraigo del “piropo” en la sociedad. Juliana Cobos, directora de la organización Acción/Respeto explica: “Lo ideal es que los cambios se generen dentro de la misma sociedad y que luego el derecho los recepte y los plasme, no al revés, que el derecho imponga un castigo ante una conducta que muchas personas ni perciben como dañina. Pero es lo que pasa cuando se quiere desnaturalizar comportamientos machistas en una sociedad patriarcal”.

El debate sobre acoso como conducta delictiva aún sigue abierto y la ley -votada por unanimidad- lo contempla. La lucha está en lograr su inclusión en el nuevo Código Penal: “Hay un proyecto, aprobado por la Comisión de Penal de Diputades y que debe ser tratado en el recinto dentro de poco, que sí propone la modificación del Código Penal incluyendo al «Acoso Sexual Callejero» como un delito”, relata Cobos. El proyecto, presentado por la diputada Rista “brinda la posibilidad de realizar una denuncia penal ante una conducta lesiva que ahora estaría tipificada como delito, entonces se podría denunciar en comisaría/fiscalía/juzgado de turno del lugar del hecho, brindando los datos con los que se cuenta, y es el Estado quien tendría la obligación de investigar el hecho y penar al acosador”, detalla.

Las multas, según reza la ley, irán desde los 100 a siete mil pesos y lo acumulado “será destinado al Consejo Nacional de la Mujer para el fortalecimiento de políticas públicas de prevención”, tales como la Semana Nacional Contra el Acoso Callejero y otras campañas de concientización, que serán garantizadas por el Instituto Nacional de las Mujeres. Pero además de pagar un costo monetario, el acosador deberá realizar un curso de violencia de género y acoso callejero de no menos de 3 meses de duración. Para Acción/Respeto esta medida es positiva: “El hecho de que haya que completar un curso suma a que haya una posibilidad de rehabilitación, de concientización, y de que no acose solamente quien puede pagar la multa sin problema. Además cumple con el efecto disuasivo de generar que, quien no deja de acosar porque sabe que está mal, tal vez deje de acosar con tal de no pagar una multa y «fumarse un cursito». Obviamente no consideramos que la solución sea solamente penal, sino que este es un instrumento en lo urgente e inmediato que tenemos a disposición si elegimos hacer la denuncia, y que corre al acosador de su lugar de impunidad, porque ahora es el Estado quien manda el mensaje de que esta forma de violencia de género tan normalizada y romantizada está mal, que es violenta, y será castigada”, explica.

Otra medida naciente de la ley es la creación de una línea telefónica de alcance nacional, disponible las 24hs del día, los 365 días del año, para el registro de las denuncias que, según informó el Ministerio Público Fiscal, han aumentado en un 50% en el año 2018.

De esta forma, la ley es un avance. Toma un reclamo histórico de las mujeres y fija condenas para quienes atenten contra ellas pero para que realmente funcione y haya un cambio real en la sociedad será necesario saltar las barreras de la condena al acosador como sujeto aislado y autónomo y sentar al patriarcado y a sus mecanismos de aleccionamiento en el banquillo: “No nos sirve que nos vendan espejitos de colores creando nuevas figuras y/o aumentando las penas si no se va a atacar de raíz al sistema que habilita y fomenta estos comportamientos”, dice Cobos y señala que es fundamental empezar por “reconocer al acoso callejero como un problema social y erradicarlo mediante una educación igualitaria que haga foco en el respeto, el consentimiento, que destierre estereotipos”. Para eso es tarea prioritaria paliar otras falencias estructurales: “Falta instruir en perspectiva de género a efectores de las fuerzas policiales, de seguridad y a todx funcionarix públicx, falta tener datos oficiales estatales sobre las cifras del acoso, faltan espacios de contención psicológica, faltan espacios de reflexión y formación, falta presupuesto para todo lo anterior”, cierra.

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